Oímos decir que estamos viviendo en tiempos peligrosos. Es cierto que nuestros tiempos son así, pero yo no siento el aguij ón de ese miedo… Me propongo vivir de tal manera que no lo sienta nunca; me propongo que mi vida sea tal que, mediante la obediencia a los mandamientos de Dios y a las leyes que ha revelado para mi guía, si me es posible vivir así, pueda ser inmune a los peligros del mundo . En realidad, no importa lo que pueda sucederme; si cumplo con mi deber, si estoy en hermandad con Dios, si soy digno de la confraternidad con mis hermanos, si puedo permanecer sin mancha ante el mundo, sin culpa, sin transgredir las leyes de Dios, ¿qué importa lo que pueda sucederme? Siempre estaré listo para cualquier cosa si me encuentro en ese estado de espíritu, comprensión y conducta… Por lo tanto, no me preocupo innecesariamente ni siento las dentelladas del temor
— Joseph F. Smith, “The Gospel a Shield from Terror”, Improvement Era, julio de 1917, pág. 827.
Es sencillo expresar gratitud al Señor cuando la copa está rebosante, cuando la cosecha es abundante, cuando se tiene la paz asegurada; pero es mucho más difícil tener fe para poder creer, en medio de la adversidad y persecución, en tiempos de bscuridad y devastación, que la mano del Señor interviene en todo ello para beneficio de sus hijos.
Doctrina y Convenios Manual del alumno, pág. 216. A propósito de Doctrina y Convenios 98
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Una vez me enfrenté con tener que tomar una decisión importante. Cuando después de orar, todavía no sabía qué hacer, fui a ver al élder Harold B. Lee. Él me aconsejó que siguiese adelante. Al percibir que yo aún me sentía muy indeciso, me dijo: “El problema que usted tiene es que desea ver el final del camino antes de comenzar a recorrerlo”. En seguida, me citó el siguiente versículo del Libro de Mormón: “no contendáis porque no veis, porque no recibís ningún testimonio sino hasta después de la prueba de vuestra fe” (Éter 12:6).

Y añadió: “Usted debe aprender a caminar unos pasos en la oscuridad y, entonces, se encenderá la luz y le mostrará el camino”. Aquélla fue una lección trascendental basada en un versículo del Libro de Mormón.

— Élder Boyd K. Packer, “El Libro de Mormón: Otro testamento de Jesucristo - Cosas claras y preciosas”, Conferencia General abril 2005.
Entre las lecciones que aprendemos del Libro de Mormón se encuentran la causa y el efecto de la guerra, y en qué condiciones se justifica. Habla de las maldades y de los peligros de las combinaciones secretas, que se instituyen para conseguir poder y riquezas. Habla de la realidad de Satanás e indica algunos de los métodos que él utiliza. Nos aconseja sobre la forma prudente de utilizar la riqueza. Nos habla de las verdades claras y preciosas del Evangelio, y de la realidad y de la divinidad de Jesucristo, así como de Su sacrificio expiatorio por todo el género humano. Nos hace saber del recogimiento de la casa de Israel en los últimos días. Nos habla del objetivo y de los principios de la obra misional. Nos advierte evitar el orgullo, la indiferencia, la postergación de deberes, los peligros de las falsas tradiciones, la hipocresía y la falta de castidad.
— Élder L. Tom Perry, Las bendiciones de leer el Libro de Mormón, Conferencia General octubre 2010.
Las llaves que poseía Elías el Profeta eran las del sacerdocio sempiterno, las llaves del poder para sellar, que el Señor le había dado. Con ese motivo vino y eso … entregó al profeta José Smith; lo cual incluía un ministerio de sellamiento para los vivos así como para los muertos, no únicamente confinado a los vivos ni tampoco a los muertos por separado, sino que incluye a ambos a la vez.
“La misión de Elías el Profeta era el poder sellador. Él tenía las llaves mediante las cuales los padres podían ser sellados uno al otro y los hijos sellados a los padres. El confirió esas llaves al profeta José Smith. Y eso se aplica a los difuntos tanto como a los vivientes desde la venida del Señor Jesucristo.
“Pero ¿cuál fue la naturaleza de su misión en la tierra en estos postreros tiempos? Fue restaurar el poder y la autoridad que una vez se habían dado a los hombres en esta tierra, lo cual es esencial para lograr la salvación y la exaltación del hombre en el reino de Dios. En otras palabras, Elías vino a restaurar en la tierra la plenitud del poder del sacerdocio, confiriéndolo sobre profetas mortales debidamente comisionados por el Señor. Este sacerdocio tiene las llaves para atar y sellar en la tierra y en los cielos todas las ordenanzas y los principios relativos a la salvación del hombre, a fin de que de esta manera los mismos tengan validez en el reino celestial.
— Joseph Fielding Smith, Doctrina de Salvación, 2: 104, 109.
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Si Eva debe padecer para dar a luz, también Adán debe padecer al trabajar la tierra para que dé fruto. Ambos producen vida con sudor y lágrimas y Adán no es la parte favorecida. Si su esfuerzo no es tan severo como el de ella, es más prolongado. Ya que Eva prevalecerá mucho después de tener hijos -‘sin embargo, se salvará tu vida’- mientras que el trabajo de Adán tendrá que continuar hasta el fin de sus días. ‘¡Con angustia comerás de ella todos los días de ti vida!’ Ni siquiera la jubilación es un escape de esa angustia. Lo que se debe observar es que Adán no se considera como el sujeto privilegiado; está tan sujeto a la madre tierra como Eva está a la ley de su esposo. ¿Y por qué no? Si estuvo dispuesto a seguirla, también estaba dispuesto a padecer con ella, pues esta aflicción se le impuso a Adán expresamente “por haber escuchado la voz de tu mujer y comido del fruto del árbol”.
— Hugh W. Nibley
Los miembros del sacerdocio pertenecen a la más grande de las fraternidades, a la más grande de las hermandades de todo el mundo -la hermandad de Cristo- y, por lo tanto, tienen la obligación de hacer cada día lo mejor, durante todo el día, y mantener las normas del sacerdocio.
— David O. McKay
Si un hombre ha de recibir la plenitud del sacerdocio de Dios, debe obtenerla de la misma manera que Jesucristo la alcanzó, que fue por guardar todos los mandamientos y obedecer todas las ordenanzas de la casa del Señor.
— José Smith
Es importante comprender que la autosuficiencia es un medio para lograr un fin. La meta final es llegar a ser como el Salvador, y el servicio desinteresado a los demás realza dicha meta ya que nuestra capacidad para servir aumenta o disminuye según el nivel de nuestra autosuficiencia.
— Robert D. Hales
¿Cómo llegamos a ser autosuficientes? Lo logramos al. Obtener suficiente conocimiento, educación y alfabetismo; al administrar el dinero y los recursos en forma prudente, al ser fuertes espiritualmente, al prepararnos para las emergencias y las eventualidades y al tener salud física, bienestar social y emocional.
— Julie B. Beck