Si Eva debe padecer para dar a luz, también Adán debe padecer al trabajar la tierra para que dé fruto. Ambos producen vida con sudor y lágrimas y Adán no es la parte favorecida. Si su esfuerzo no es tan severo como el de ella, es más prolongado. Ya que Eva prevalecerá mucho después de tener hijos -‘sin embargo, se salvará tu vida’- mientras que el trabajo de Adán tendrá que continuar hasta el fin de sus días. ‘¡Con angustia comerás de ella todos los días de ti vida!’ Ni siquiera la jubilación es un escape de esa angustia. Lo que se debe observar es que Adán no se considera como el sujeto privilegiado; está tan sujeto a la madre tierra como Eva está a la ley de su esposo. ¿Y por qué no? Si estuvo dispuesto a seguirla, también estaba dispuesto a padecer con ella, pues esta aflicción se le impuso a Adán expresamente “por haber escuchado la voz de tu mujer y comido del fruto del árbol”.
— Hugh W. Nibley